El coronavirus ha afectado a todos los sectores económicos y por supuesto, eso ha creado una incertidumbre hipotecaria, que ya se venía notando en las primeras semanas del estado de alarma y en las que hubo un descenso significativo de todas las operaciones. Un movimiento inconstante de la hipoteca en la pandemia.
Una de las consecuencias más importantes que ha habido en las hipotecas a partir de la crisis, ha sido el endurecimiento de las condiciones de acceso al crédito. Como consecuencia de la inestabilidad laboral de muchas personas, incluyendo el aumento del desempleo y previendo el posible incremento de la morosidad.
Por eso, las personas que tienen más probabilidad de conseguir una hipoteca, serán aquellas que hayan mantenido su trabajo durante el confinamiento, que no estén en una situación de ERTE y que ocupen un puesto de trabajo en una compañía que esté menos afectada por la pandemia.
Además de todo esto, si el banco se decide a conceder el préstamo hipotecario, también deberán cumplir todos los requisitos. Los más básicos que se exigen para cualquier hipoteca: contar con ingresos suficientes para el pago de las cuotas, no aparecer en ninguna lista de morosos ni tener deudas pendientes, así como disponer de los ahorros suficientes para pagar la cantidad del préstamo hipotecario que no financie la entidad bancaria (normalmente los bancos conceden el 80% del valor de tasación de la vivienda), junto con los gastos que conlleva la compraventa.
No obstante, y tras estos meses de incertidumbre, las caídas en los precios de las viviendas, especialmente en las viviendas de segunda mano, hacen que ahora sea un buen momento para comprar. Por eso, lo mejor es consultar las ofertas que ofrecen las diferentes entidades bancarias, para encontrar aquella que ofrezca las mejores condiciones.
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